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Photo of the Cathedral of Havana
(c) Cathy Griffin by permission.


Un Punto de Vista (c) 1996
Por Paul V. Montesino, PhD., MBA.

 “En relación con El Mercado de Benito- Un toque de nostalgia”

Había una vez, un tiempo mucho antes de que el Internet fuera el Internet, cuando vivíamos en un mundo de consumo más simple donde había tiendas campesinas. En muchas partes del mundo, el nuestro incluido, todavía las hay. Cuba, la tierra donde nací, no era diferente. Todavía recuerdo “La Armonía,” la finca donde mis abuelos paternos y una de sus hijas y nietos vivían. Mis padres y yo disfrutamos muchos días de fiesta visitándolos.

El sitio no era extenso, solamente tres “caballerías”. Esta medida de tierra es confusa, en España son 95 acres, en Cuba 33 y en Puerto Rico 194, (Fuente: Simon and Schuster’s Internacional Dictionary) así que tengan cuidado. Asegúrense que saben lo que compran y donde están cuando lo compran. La tierra en esta granja estaba cubierta de lado a lado por cultivos de tabaco, maíz y otros vegetales que mi abuelo, mi tío y algunos trabajadores plantaban con orgullo.

Había en la finca vacas con leche abundante en sus ubres. ¡No leche descremada o sin lactosa por favor! Algunos cerdos se paseaban y tomaban el sol en las pocilgas alimentándose con palmiche, la nuez de palma real, hasta su eventual sacrificio en las Navidades u otra celebración familiar especial. Usted no quiere usar el palmiche para su propia dieta o su próximo chequeo de colesterol será muy elevado. Si quiere divertirse un poco, pregúntele al carnicero del supermercado que usted patrocine si los puercos que ellos venden están alimentados con palmiche. Silencio… no le digan que yo se los sugerí. Había también suficientes pollos, gallinas y gallos en la granja para despertarnos bien temprano en la mañana con sus cacareos. Uno amanecía siempre con la impresión de que sus gritos eran alguna eterna disputa evolucionista sin solución que no éramos capaces de elucidar. Todavía no lo sabemos.

Desde luego, mis abuelos y sus hijos no producían todo lo que comían, pero podían comer todo lo que producían si la situación económica empeoraba. Además, también disfrutaban las ventajas de las visitas de la tienda portátil de Benito. Benito, el sujeto de esta historia, era un hombre cargado de años, comerciante de baratijas que andaba a caballo de finca en finca. Mirando la arrugada cara que se cubría del sol bajo su sombrero, pensábamos que Benito era muy viejo, aunque no sabíamos cuanto lo era y jamás le preguntamos. Tenía dificultades para escuchar, y se ayudaba en el esfuerzo con un audífono que se parecía a un embudo y que lo insertaba en el oído y que colgaba de su cuello como un megáfono.

Benito no podía oír todo lo que se le decía, pero podía escuchar lo suficiente de lo que le interesaba y convenía. Siempre traía consigo simples noticias y rumores de la zona que a los periódicos o las estaciones radiales no les interesaba traer a la finca si hubieran podido hacerlo: nacimientos, defunciones, matrimonios, separaciones, nuevos vecinos, todos esos eventos eran material de sus historias. Siempre traía caramelos, los famosos “pirulís,” para los muchachos, y aceptaba órdenes para cualquier producto que no tuviera en la alforza que colgaba del lomo de su caballo. Esos productos se llaman “pedidos atrasados” hoy día. Y si usted era ambicioso y jugador, existían en la alforza boletos de lotería.

Sus galleticas eran deliciosas y enormes, sus pasteles tentadores. Acostumbraba traer “matahambres” y “matagallegos,” la torta de guayaba cuyo nombre hace reír cuando nos damos cuenta de lo que éste último quiere decir: “matar gallegos” y que podría causar que se nos acusara de prejuicio étnico en el mundo de política correcta en que vivimos. Si visitan http:www.ListinDiario.com.do en la Republica Dominicana comprobarán que es legítimo.

También había “polvorones,” un dulce que se disuelve en la boca mientras lo comemos, y desde luego, “galletas,” galletas grandes.  Para la temporada de Navidad Benito aseguraba traer suficientes “turrones.” No Latino que se respetaba podía pasar una temporada navideña sin turrones, no entonces, no ahora. No pedir “bajo de Carbohidratos” por favor; eso no existe todavía. Y si usted tenía un problema de solvencia, Benito podía otorgarle crédito al momento, no se necesitaba chequear con el buró de crédito, solamente su arrugado libro de notas bastaba.

Hoy día las cosas son diferentes. Vivimos en un mudo de códigos de barra, tarjetas de ATM y contraseñas de seguridad. Es probablemente un mundo mejor, más eficiente. Cierto día Benito, quien tenía problemas dándose cuenta si alguien se le acercaba al menos que lo viera claramente de frente, estaba montado en su caballo abandonadamente cuando uno de mis primos, parte de un grupo de muchachos traviesos, sin que Benito se diera cuenta, colocó una pequeña cantidad de bisulfuro de carbón bajo la montura del caballo. El bisulfuro de carbón se usaba entonces como desinfectante y es irritante. 

El viejo caballo comenzó a moverse, inquietamente al principio, más agitadamente después, y se sentó en el suelo zarandeando a su sorprendido y confuso jinete, quien tuvo que desmontarse repentinamente. Benito no solo estaba perplejo por lo que le ocurría sino enojado también. Los traviesos muchachos se rieron mucho aquel día.

¿Dije yo que hoy es un mundo mejor? Tal vez; pero era entonces un mundo más tranquilo, las noticias no eran tan horrorosas o no se producían tan frecuentemente. Las gentes vivían existencias más simples y se preocupaban menos de conspiraciones y odio y más de las palabras que los Benitos del mundo les traían en su próxima visita. Usted recibía las noticias de una fuente autorizada, la boca del caballo, o ¿era la boca del jinete tal vez? No eran noticias falsas.

Después que mi abuelo murió y mis tíos se mudaron de la finca crecí, me hice hombre, y jamás volví a ver a Benito. Estoy seguro que él también nos ha dejado. Las memorias, sin embargo, no han desaparecido. Esas siempre vivirán mientras lo haga yo. No estaba seguro ese mes de noviembre pasado si debía escribir un artículo sobre las elecciones nacionales o sobre otra cosa. Decidí hacerlo sobre la otra cosa. Benito me lo hubiera agradecido. Y ese es mi punto de vista hoy.

 



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