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(c) Cathy Griffin by permission.

Un Punto de Vista (c) 1996 

       La irracionalidad de una razón

       Por Paul V. Montesino, PhD.

Sucede siempre. Algún ser humano equivocado que se comporta sin sentido de humanidad comete un crimen escandaloso que nos asusta y nos escandaliza. No entendemos por qué sucede y buscamos algún sentido de racionalidad para que podamos limpiar y dejar la escena y seguir adelante con nuestras vidas. Los medios de comunicación capturan nuestra desesperación y, tratando de cumplir lo que piensan es su obligación, emiten una pregunta de cuatro palabras tratando de describir el crimen que va a encabezar las noticias: ¿Cuál es la motivación?

Sí, desde luego.

Miren las caras de los presentadores de noticias, sus personas preferidas en sus estaciones elegidas, y noten que lucen perplejos. Comienzan cada entrevista de las autoridades o los testigos con la pregunta de cuatro palabras y esperan oír una respuesta razonable, una que tenga alguna semblanza de razón lógica. El resto no importa. Por supuesto, en algunos casos pueden incluso obtener una respuesta, pero no necesariamente una razonable que justifique lo ocurrido.

Buscamos una relación entre el crimen y alguna causa o raíz, tal vez política, psicológica o religiosa. La policía también busca con cuidado esa causa. Sus portavoces incluso insisten en que es importante para evitar futuros crímenes similares. Es común esperar que algún fanático religioso mató para avanzar su fe, tal vez hasta suicidarse por ello. Y no nos olvidemos de las razones políticas también. Esas van de la extrema izquierda a la extrema derecha.

El reciente asesinato masivo en las Vegas es un buen ejemplo de ese esfuerzo continuo para apuntar, perdonen mi símil, esa razón. Las palabras "motivación" y "causa" aparecen tarde o temprano en cada entrevista. Simplemente no podemos aceptar que cualquiera pueda envolverse en tal acto criminal sin una motivación claramente definida.

Los humanos somos las únicas criaturas que matamos por puro goce. La mayoría, si no todos, los miembros del reino animal matan para comer. Nosotros vamos más allá de matar por comida, tenemos la intención sádica de causar lesiones y hacer sufrir.

Según un artículo del Boston Herald publicado en octubre del 2015, la policía de Boston posee una enorme acumulación de casi 1.000 asesinatos sin resolver en los vecindarios de Roxbury, Mattapan y Dorchester que datan de 1970, y según el Herald, también encontró signos de mala calidad en el registro de mantenimiento que un portavoz del departamento de policía se negó a discutir. 

Es cierto que esos centenares de casos individuales tienen muchas razones diferentes que no hemos podido identificar. Pero, por supuesto, hay una diferencia entre un crimen a la vez y 58 muertos y 500 heridos en un solo incidente. El efecto y shock publicitario de estos últimos son enormes, pero la pérdida de vidas humanas de los primeros no es menos trágica. Hay tantas viudas y huérfanos en ambos.

La verdad es que, al final, la motivación significa poco. La proliferación de armas disponibles, armas de fuego, cuchillos, incluso nuestras propias manos, hacen seguro que seguiremos cometiendo esos crímenes haciendo sufrir a otros. Está dentro de nosotros como seres humanos, mejor, como criaturas inhumanas, y esa es la razón irracional básica de nuestro comportamiento. Buscar cualquier otra causa es una locura.

Y ese es mi punto de vista hoy.

 

   

 



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